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Una dulce pesadilla

15 de mayo de 2026 Leave a Comment

Una luz, una chispa se enciende en mi interior, algo ha pasado o algo pasará. ¿Qué soy? o más bien, ¿qué seré? Miro a mi alrededor, dos caras desconocidas me miran fijamente en busca de alguna señal. ¿Qué esperan que haga? ¿Dónde estoy?

La primera figura, un señor algo regordete, comienza a caminar con cojera en busca de algo. La otra figura, más bella, más fuerte e imponente, no para de observarme. El cojo se acerca a mí y poniendo una mano en mi corazón emerge una luz que hace relucir toda la cueva en la que estamos.

Ahora sí, sé quién soy. Soy Pandora, existo gracias a Hefesto, el dios de la herrería, y Zeus, el rey del Olimpo. Mi objetivo en vida es solamente uno: hacer pagar a Prometeo por los crímenes cometidos contra el gran dios Zeus. Soy el castigo de Prometeo, un titán que ayudando a los humanos desató la ira del dios del rayo. Me uniré en matrimonio con él y así le haré pagar por su soberbia.

Miro mi reflejo en un espejo. Soy hermosa, debo serlo, puesto que solo así atraeré la atención del desafiante Prometeo. En ese momento, Zeus sitúa su mano sobre mi corazón, ahora siento algo insaciable, una necesidad imperiosa de querer conocer y descubrir, siento de forma repentina una gran curiosidad. Miro de reojo a Hefesto que porta una tinaja. Me pregunto qué va a hacer con ella. Mis ojos no alcanzan a ver qué contiene el recipiente, pero sí ven salir un gran haz de luz de él. ¿Será un tesoro?

Entonces, el patizambo dios de la fragua se acerca lentamente a mí y con sumo cuidado sitúa la tinaja de oro entre mis manos. Su expresión es triste. ¿Qué le pasa?, ¿le apenará mi partida?

— Sé fuerte, Pandora — dice Hefesto. Sus palabras parecen una advertencia.

Al encontrarme con Prometeo, este no quiso aceptarme, pues no confiaba en los dioses después del castigo que le impusieron. Sin embargo, Epimeteo, su hermano, decidió tomarme como esposa. Aunque Prometeo le advirtió sobre mí. Durante su conversación no pude evitar escucharles y algo se apoderó de mí ¿esto es de lo que me avisaba Hefesto?

Epimeteo es encantador, pero ingenuo. Le di la tinaja que me encomendaron los dioses, le advertí que no debía abrirla, ya que eso era lo que me habían dicho Zeus y Hefesto. Él no tuvo problema y no parecía pensar sobre el contenido del recipiente. Sin embargo, yo me moría de ganas por descubrir lo que llevaba dentro, ¿por qué siento esta angustia en el pecho, esta sed de curiosidad?

Para colmo, Epimeteo decidió disponer el recipiente en un lugar imposible de ignorar: la sala. De este modo, yo pasaba delante de ella todos los días, cada vez la miraba de más cerca, cada vez sentía más ganas de abrirla, a pesar de las advertencias de los dioses.

Recuerdo pensar: «Hoy solo han pasado tres días y se sienten como tres meses. Lo he decidido, hoy es el día. Hoy la abriré. Necesito saber qué lleva dentro, qué era esa cosa reluciente que Hefesto puso en ella.»

A continuación, puse la mano en el borde de la tinaja, se podía oler la maldad y la desgracia desde fuera, pero eso no va a impedir que abra la caja por completo.

—¡Oh, por todas las diosas! ¡Oh, no!…

Mientras gritaba todos los terrores salieron de la tinaja sacudiendo todo a su paso, las oscuras sombras que albergaba el recipiente hicieron temblar toda la Tierra. Después de pasar el horror, sentí cómo la culpa me carcomía por dentro, ya que acababa de liberar todos los males del mundo.

Fue entonces cuando esa luz reluciente en la que tanto había pensado salió del fondo de la tinaja, tímida, casi parpadeante, y se acercó a mí. En cuanto entré en contacto con ella sentí que un poder inmenso recorría mis venas. Era la esperanza.

Finalmente, decidí redimirme por ese trágico suceso y de esta manera comenzó mi viaje alrededor del mundo repartiendo la esperanza a los humanos que poblaban aquel mundo rodeado de caos. Porque como siempre digo: «La esperanza es lo último que se pierde».

Marwa Ben Moussa

Filed Under: Culturas, Espacio literario, Número 5

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