Dirigida en 1997 por Gus Van Sant, obtuvo nueve nominaciones a los Óscar, ganando dos de ellos. Uno lo recibió por su guión, escrito por unos desconocidos Matt Damon —posteriormente famoso por su papel de Jason Bourne— y Ben Affleck, actor habitual en películas de acción. El otro fue para el desaparecido Robin Williams por su papel de terapeuta. Los tres formaron parte del elenco de actores de una historia que va más allá del arquetipo de «genio incomprendido», mostrando, en el caso de Will, personaje encarnado por Damon, la vulnerabilidad masculina, el peso del trauma infantil y la parálisis que puede generar el miedo a fracasar o, también, a triunfar.

Las matemáticas avanzadas sirven de soporte para el desarrollo de la película. Will, joven superdotado, trabaja como limpiador en una universidad, puesto que ha escogido precisamente para resolver a escondidas complicados problemas que un profesor de matemáticas escribe en la pizarra del pasillo para sus alumnos. Muestra así un don que podría llevarle a ganar la medalla Fields —el Nobel de las mátemáticas—. A la vez, es un joven incapaz de asumir su mundo emocional: se cierra a cualquier compromiso, cualquier decisión que le lleve más allá de su leal cuadrilla de amigos. Utiliza su gran inteligencia como mecanismo de defensa para mantener distancias, evitar enfrentar sus propios temores y tomar decisiones que le permitan crecer.
Obligado a recibir terapia por conducta desordenada, Will se comporta con prepotencia frente a dos adultos: el profesor universitario que le sorprendió resolviendo un problema y quiere ayudarle a desarrollar su potencial, y un terapeuta, antiguo compañero de facultad del profesor.

Durante las secuencias dedicadas a la terapia, Sean Maguire, psicólogo encarnado por Robin Williams, acompaña al joven en el proceso de desmantelamiento de la defensa que se ha construido con su abrumador intelecto. Sean lo conduce con humanidad y honestidad —mostrando su propio sufrimiento por la muerte de su mujer— hasta conseguir que el joven prodigio deje de racionalizar su dolor, disuelva la carga emocional que acumula por la violencia sufrida en su adolescencia y supere el pánico que siente a comprometerse en una relación sentimental con una chica a la que adora.
El indomable Will Hunting trata sobre el coraje que se requiere para mostrar la propia vulnerabilidad; sobre la necesidad de respaldar la inteligencia con madurez emocional; sobre el inconveniente que supone crearse una versión y una visión inamovible de uno mismo. Will se ha creado un entorno de amistad y lealtad que le protege y donde se siente cómodo; sesión tras sesión, Sean consigue llegar a un punto en el que Will comprende que la idea que tiene de sí mismo es conformista e insuficiente; que tal vez ha sido necesaria para sobrevivir a un pasado difícil, pero que se ha convertido en obstáculo, en falsa limitación para seguir adelante.

Gus Van Sant, director de cine de carácter independiente, plasma con tempo acertado el proceso de sanación de Will, desde la prepotencia inicial hasta la confianza absoluta en su amistad con Sean. A destacar también la verosimilitud y la franqueza con la que se muestran todos los personajes, los diálogos contundentes y directos entre todos los protagonistas; la irónica reflexión de Will sobre la ética de algunos trabajos; y los momentos de humor desenfadado que aderezan una historia que se puede ver repetidas veces con agrado.
Raúl Urdaci Iriarte

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